Albacete > textos “sobre mi abuelo”

 

 

 

Reconocimiento a los trabajadores del Perpetuo Socorro

 

      Mi abuelo Crisóstomo (El Nene) nació en 1.926, en la Casa Sevilla –así lo expresaba el “Diario de Albacete”, en su sección “Registro Civil”, al día siguiente de su alumbramiento–; parecía un ser inmortal, pletórico de energía hasta hace bien poco.

      Un amigo opina que la contribución filosófica de mayor envergadura de nuestro tiempo proviene de Martin Heidegger, y que “Ser y Tiempo” es una de las obras capitales; para el intelectual germano la muerte era el “fin” del hombre como ser individual (el hombre como “ser-para-la-muerte”) … Existía una evidencia, para mí, incontestable, el día de su Partida a la Casa del Padre (el pasado 15 de agosto, Festividad de la Asunción), que sobrepasaba a la verdad que fabricamos con los sentidos, con las evidencias, pruebas, métodos y tecnología … , me refiero al testimonio de Nuestra Madre, de María ascendiendo a los Cielos; he aquí la Esperanza que lucha contra la Angustia de nuestra finitud, del ser mortal.

      De corazón agradecemos, toda la familia, a los trabajadores del centro hospitalario Perpetuo Socorro, por su cariño y profesionalidad, en especial a su geriatra (Silvia), al equipo de enfermería y auxiliares, y al servicio de mantenimiento –siendo festivo, no se notó, y repararon diligentemente la maquinaria “fracturada” de la habitación de mi abuelo–. Los sacerdotes que atendieron las necesidades espirituales de Crisóstomo merecen un aplauso; no podré olvidar las oraciones pronunciadas el sábado cuatro de agosto, junto a un abuelo sin fuerzas para hablar con coherencia, que recibió la Unción (de parte del P. Fernando), y una “llamada de socorro, solicitando la intercesión de “su entonces Patrón” (¿?) …, en el transcurso de 24-48 horas remitieron las alarmantes pérdidas de sangre, no retornaron …, ¡gracias, San Peregrino (gratitud, también, por la cadena de intenciones creada)! Imposible, asimismo, no recordar el afecto y ánimo de Isa, Eva, Pepi y los miembros de la familia que nos acompañó, con quienes compartimos un sinfín de horas en la habitación 167.

      Aquellos días, una revista trasladaba, a la primera planta de la Antigua Residencia, el titular del profesor José Luis Cordeiro: “En 2.045 la muerte será opcional y el envejecimiento será una enfermedad curable” (“estarVITAL”, número 124) …, en este sentido, opiniones de otros científicos sobresalientes pedían paso, en las conversaciones con la facultativa; y, así fue como una cita del bioquímico albacetense Juan Carlos Izpisúa Belmonte hizo de desenlace, tras tomar conciencia del poco tiempo que le restaba a mi abuelo: “podemos optar por otro coche si el que tenemos está muy viejo, o reemplazar algunos de sus componentes, que traducido al cuerpo humano sería educar las células para convertirlas en (…) nuevas” [sabemos que estamos, desafortunadamente, tan lejos de esta meta científica … ,–la cursiva entre paréntesis es mía–].

      Celebré mi cumpleaños en este nosocomio …, años atrás, por mi aniversario de nacimiento, Crisóstomo me regaló un dúo de bellas mariposas –magníficas formas geométricas dominaban su alas inconmensurables–, disfruté de ellas muy brevemente, el cambio de hábitat propulsó sendos ocasos, el hermetismo canceló el ecosistema, se metamorfosearon por segunda vez, hacia Lo Eterno …, hicieron un guiño a Kafka …

 

Óscar Garrido González

La Tribuna de Albacete. Cartas de los Lectores, lunes 27 de agosto de 2018

 

 

 

Texto leído durante la Santa Misa en sufragio por el alma de Crisóstomo González Picazo

3 de septiembre de 2018, 20h. Parroquia Nuestra Señora de la Asunción, Albacete

 

      Una creativa amalgama de tractores, motos, busetas; el tresillo, la mesita de noche en la que El Nene escuchaba el noticiario “hertziado” cada amanecer 1; la cómoda de espejo impenitente [decenio “sí” y lustro también …]; o un coqueto jardín botánico donde el granado, centinela 1 acuoso, prestaba su sombra al manzano y al melocotonero, por ser de igual condición, postres sin artificio ni engaño (radicales, naturales; como mi abuelo); todos, ubicados en su particular Edén, en su aldea, en “su huerto (…) con los pájaros cantando2 … , cada uno de estos humildes “seres trascendentes y vivificados (dejaron de ser inertes si alguna vez lo fueron)” conserva un recuerdo de mi abuelo Crisóstomo …    así es como, observando el sillón de aquel extremo, donde, al término de cada almuerzo, el mantecado y las peladillas eran regados con morapio de La Manchuela o licor “evolucionado” –ese mismo en el que el genio del Beagle continúa siendo laureado y vituperado–… pienso: << allí existió mi abuelo; allí vivió libre, “por años sin término” (Salmo 23) >>. No contó con una educación estrictamente formal, aunque si hubiera sido bendecido con ella (con esa instrucción soñada), “cento per cento” que habría seguido los pasos del estadounidense Henry D. Thoreau 3 , quien, egresado de una archiconocida universidad bostoniana, encontró la esencia de la vida en la proximidad e intimidad con la Naturaleza, como asceta cuasi mertoniano 4, o gregoriano 4 (diría yo hoy), movido por un Fuga Mundi nunca contemporáneo, perpetuamente extraño a nuestros oídos –saturados por convenciones, convencionalismos y pasiones–.

      Su oficio de agricultor lo llevó, en más de una ocasión, a las ferias sectoriales de la comarca; en una de ellas, a la salida de la misma, él y yo contemplábamos [“en la acción”] el solar nonato que “legaría” un vasto edificio … hoy sobreabunda la vida en ese mismo espacio, y, ¡las condiciones han mejorado!; tengo la certeza de que su nueva estancia será algo así, será –tomando prestado el título del libro de un amigo en Cristo– : la Ciudad de los Hombres, (la) Ciudad de Dios 5

 

Óscar Garrido González

 

 


 

1

      Yo espero en el Señor; sí, espero en él. He puesto mi esperanza en su palabra. Espero al Señor, más que los centinelas al amanecer; sí, más que los centinelas esperan al amanecer. Salmo 130  5-6.

2

Corazón en el viento (Poemas agrestes), Juan Ramón Jiménez.

 

      … Y yo me iré . Y se quedarán los pájaros cantando; / y se quedará mi huerto, con su verde árbol, / y con su pozo blanco. / Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;/ y tocarán, como esta tarde están tocando, / las campanas del campanario. / Se morirán aquellos que me amaron; / y el pueblo se hará nuevo cada año; / y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado, / mi espíritu errará nostáljico … / Y yo me ir; y estaré solo, sin hogar, sin árbol / verde, sin pozo blanco, / sin cielo azul y plácido … / Y se quedarán los pájaros cantando

 

3      Henry D. Thoreau (1817-1862. Escritor).

 

4      Alusivo a San Gregorio Magno (Papa y Doctor de la Iglesia; su Festividad es hoy, 3 de septiembre).

Thomas Merton (1915-1968. Escritor y monje trapense).

 

5      Ciudad de los hombres, ciudad de Dios: homenaje a Alfonso Álvarez Bolado, S.J.,  Xavier Quinzà Lleó, José J. Alemany. Universidad Pontificia de Comillas. 1999.